martes, 17 de enero de 2012

Algo que me gustó de un libro que no recuerdo como se llama.

Hay una dulzura en tu boca de muchachita y las perlas sujetas en la palma de tu mano siempre que extiendes esa mano te vienes abajo, fantaseas, estás circunciada, agonizada, mortificada, coronada, crucificada, atravesada cuatro veces sangra tu sagrado corazón manando y manando, las mujeres lloran a tus pies, doce hombres te dan la vuelta doce hombres te desean. Un pez estrella se estremece en tu vientre y las flechas se desparraman y duelen los músculos de tu corazón. Un pez contesta abofeteándote y tú ruedas sobre ti misma, ruedas en los patios del santuario con un tosco vestido negro bendita sea tu caliente boca de virgen. Tú serías Judas y el propio cristo serías María Magdalena la única mujer que hizo llorar a nuestro salvador, pero te meterías mandrax como la sagrada hostra abandonándome por el sueño eterno. No te dejaré marchar. No, desde luego que no. No te dejaré marchar. No dejaré que se seque la miel de tu dulce dulce caja, no dejaré que las muchedumbres se ruboricen y atraganten mientras cargas con tu cruz, no dejaré que las niñas de las flores te abaniquen tras un gran coche fúnebre negro no dejaré que las perlas se derrumben de tu boca de muchachita.

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